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Hace 10 años y siendo estudiante de ballet clásico, hice una viaje a Europa en el cual mi experiencia más importante fue ver Giselle en el Palais Garnier con la Compañía de la Opera de París. Giselle es una historia empapada de amor y de tragedia, especialmente en el 2do. Acto , donde las Willis, mujeres que murieron por amor, emergen de sus tumbas cada noche para castigar a los hombres que las hicieron morir. El cuerpo de baile que encarna a estos personajes es uno de los más impactantes del repertorio del ballet clásico, por la fuerza de la música y el nivel técnico y artístico y sincronía que demanda a cada bailarina. Por momentos , cuando Giselle baila, este cuerpo de baile está inmóvil en estéticas, pero también dolorosas y largas poses. 

Tiempo después de ese viaje , me convertí en bailarina de la Compañía Nacional de Danza de México y un día, al estar ensayando Giselle para la próxima temporada, recordé a las bailarinas francesas y me pregunté: ¿que estarían pensando ellas mientras esperaban el momento de volver a bailar, mientras están en una pose? ¿Serán las mismas cosas que pienso yo? Me resultan fascinantes los pensamientos que ocupan la mente de un bailarín mientras está en escena. Sobre todo cuando hay que permanecer inmóvil durante varios minutos en forma de cisne , copo, Willi, o alguna otra figura fantástica. El cuerpo sigue respirando. Finalmente, hay un ser humano debajo de la figura etérea en el escenario. De esta combinación de la existencia se trata este blog.

 

 

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