Sobre el cuerpo de baile y El lago de los cisnes

cuerpodebailecalo

 

Salvatore Viganó (Italia, 1769- 1821) fue un coreógrafo muy importante, entre otras cosas, porque le otorgó presencia y mayor vitalidad al «cuerpo de ballet». Le otorgó, también, gran relevancia y protagonismo a éste, que hasta entonces estaba relegado a meras comparsas de acompañamiento.

En el mundo profesional del ballet hoy existen, exagerando, alrededor de 60,000 mujeres bailarinas (esto representa tan sólo el 30% de aquellas que buscan un contrato en una compañía) El 80% de éstas pertenecen a la categoría del cuerpo de baile.

Hay bailarinas que después de haber ganado su lugar en una compañía de ballet, permanecerán muy poco tiempo en el cuerpo de baile. Hay otras que pasarán algunos años en ese grupo hasta que empiecen a ascender a alguna categoría o cambien de compañía. Otras tantas pertenecerán al cuerpo de baile toda su vida y desarrollarán ahí su carrera. Prácticamente todas desean en algún momento alcanzar el mayor rango posible. Los factores, razones y circunstancias son tan amplios y variados como movimientos en un juego de ajedrez.

En ninguna posición una bailarina es más o menos profesional, dedicada o apasionada a su trabajo y a su arte; sobre todo si pretende conservar su puesto en un lugar tan privilegiado y dedica su vida a su verdadera vocación.

Me asombran la paciencia, la concentración y la entrega que se experimentan formando parte de este grupo; y lo vibrante e inspirador que puede ser ver y hacer un “corps de ballet” perfectamente sincronizado y armonioso. Son procesos largos de mucho trabajo, de minuciosas correcciones, de discusión, de regaños, de poner a prueba al cuerpo y al intelecto y de ser capaz de llevar largas líneas o seguir a un grupo .Son procesos de exigencia por no cometer un solo error; de querer sobresalir pero obligarse a no hacerlo; de comunicación no verbal; hay que desarrollar técnicas y mecanismos muy personales para desenvolverse en un grupo donde conviven muchos temperamentos y personalidades.

Año con año, oír la música del “entrée” de El lago de los cisnes me sigue poniendo la piel de gallina.

De esta obra pueden hacerse muchas versiones diferentes según la compañía. Pero el acto blanco casi siempre es igual para el cuerpo de baile. 20 Odettes, que se mueven como ella y que también sienten temor. Siempre me transporta a un estado de cierta melancolía interpretar este cuerpo de baile, respondiendo primeramente a la música, al tipo de movimientos que siempre sugerirán resguardo y refugio y a la historia.
La sincronía de todas las bailarinas es difícil de lograr pero, con la estructura tan hermosa de este ballet, si esto se consigue regala al público momentos de verdadero impacto.

Si no se tiene mucha experiencia como bailarina, es verdaderamente un reto lograr fusionarse completamente en un grupo tan grande. Cada una desarrolla sus propios métodos de práctica y aprendizaje además de lo que los ensayadores indican. En mi primer año, me obligaba a caminar por atrás de la gente que veía en la calle, para tener la sensación de no “salirme de la fila “.

Aun así , esto sigue significando un reto diario. El objetivo es que todas nos movamos como si fuéramos una. Pero los cuerpos se mueven diferente, respiran diferente .

¿Cómo lograr que tantos cuerpos se muevan como uno solo? Es una sincronía casi instintiva, un trabajo minucioso y perfeccionista de quien lo ejecuta y ,por supuesto, de quien lo dirige.

Hacer una perfecta unificación resulta una obra de arte cuando está bien lograda. No se trata solo de hacer los mismos pasos al mismo tiempo, se trata de lograr también una sincronización de los sentidos.

 

 

 

 

 

Deja un comentario