Manon. Impresiones del montaje de un ballet de Kenneth MacMillan

1er Función Manon-213

Como bailarina nunca se de qué manera van a impactarme las nuevas historias y personajes que tengo que interpretar en el escenario; cada uno encierra misterios sobre qué retos técnicos tendré que afrontar, cuál será la parte más emotiva, quiénes me acompañarán bailando y cómo me sentiré el día de la primera función. He aprendido a dejarme sorprender siempre por las obras mismas y por lo que la nueva música, la nueva coreografía y las nuevas voces que lleguen a la Compañía a montar el ballet tengan que enseñarme.

Cuando se anunció el montaje de Manon, obra que estrenaremos en junio, la expectativa se generalizó en todos: bailarines y ensayadores. Preguntas comunes empezaron a oirse en los pasillos: ¿De qué se trata esta historia? ¿Cómo será la gente que vendrá de Londres a reponer el ballet? ¿Quiénes serán elegidos para interpretar Manon y los personajes principales? Ante estas dudas no hay más que esperar a que las decisiones sean tomadas y vivir el proceso de aprendizaje tan placenteramente como sea posible. Las respuestas se han ido revelando poco a poco desde que Karl Burnett y Patricia Ruanne llegaron a México a enseñar, ensayar y revisar esta obra, ambos tienen autoridad absoluta para dirigirla y que estén aquí es un privilegio, ya que no todas las compañías del mundo tienen dentro de su repertorio este extraordinario ballet de Sir Kenneth MacMillan, uno de los coreógrafos más importantes del siglo XX y que fue estrenado en 1974 por el Royal Ballet como adaptación de la novela que escribió el Abate Prévost en 1731. Burnett y Ruanne son figuras muy valiosas dentro del mundo de la danza; él ha sido el repositor de ballets de MacMillan alrededor del mundo y conoce como pocos su lenguaje coreográfico y lo que buscaba en los intérpretes. Apoyado en un libro que contiene desglosado todo el contenido coreográfico de Manon, Karl nos enseña los pasos de manera clara, precisa y amena, al mismo tiempo de que nos ilustra sobre el contexto histórico y las particularidades de los personajes.

 
Por su parte, Patricia Ruanne es una mujer que cualquier amante de la danza clásica admiraría: primera bailarina en el Royal Ballet que posteriormente bailó con Rudolf Nureyev alrededor del mundo para luego ser invitada por él a ejercer de “Ballet mistress” en la Ópera de París, encargándose de los ensayos de los primeros bailarines y las prestigiadas “etôiles”; también ha sido directora de muchas producciones de ballets de MacMillan alrededor del mundo. Ha sido imposible no sentirme intimidada por alguien de tal trayectoria, cada ensayo con ella ha sido una experiencia de rigor técnico y de aprendizaje artístico; de momentos de gran satisfacción al trabajar con ella tan cerca pero también de sentirme a veces avergonzada y frustrada ante su exigencia; de entender que siempre tengo que aceptar con humildad la enorme lista de errores que cometo al mismo tiempo que intento asimilar cada una de sus correcciones. Ensayar con ella es estar frente a los más altos estándares de la danza clásica y sus ensayos, junto a los de Karl me han ido acercando a la historia de Manon de una manera efectivamente sorpresiva.

Dentro del repertorio clásico las bailarinas solemos ser cisnes, wills, copos de nieve, campesinas contentas (o tristes), sílfides o princesas; casi siempre personajes encerrados en mundos fantásticos. Es curioso entonces que, ahora que han empezado los ensayos de esta obra, uno de ellos se llame, por ejemplo: “Doce prostitutas deportadas”. ¿Cómo emprender el reto de representar en ballet el oficio más antiguo del mundo? Kenneth MacMillan fue un genio para llevarlo a escena y Karl Burnett sabe muy bien como transmitirlo a las bailarinas.
Para conocer a estas doce mujeres, antes de que sean deportadas en un barco a Nueva Orleans, el segundo acto de Manon se desarrolla en un burdel francés y arranca con un grupo de jóvenes prostitutas que disfrutan de la coquetería hacia sus clientes al mismo tiempo que compiten por quedarse con el más rico. Las doce “harlots”, como Karl se refiere a ellas (traducción más acertada de la palabra “rameras”, más utilizada en esa época) son inexpertas y juguetonas. Momentos después de su primera danza aparecen las Cortesanas, mujeres con mayor prestigio en la profesión y ante las cuales los hombres del lugar sucumben gracias a su elegancia y poder de seducción. Ellas, más refinadas, son conocidas como las prostitutas de los hombres más ricos y aristócratas. Al final de este despliegue de jerarquías de “mujeres de la vida galante” aparece la Mistress, personaje a quien Kenneth MacMillan dio protagonismo dentro del ballet ya que no aparece en la novela con precisión.

La Mistress es un personaje muy complejo técnica y artísticamente; es la prostituta con el rango más alto de todas, a las que las jóvenes “harlots” admiran y con quien las cortesanas conversan sobre los chismes del burdel.

Ensayar esta escena ha sido muy divertido pero, en contraste, en el tercer acto habremos de actuar en una de las escenas más tristes del ballet;  la llegada de un barco a América con las prostitutas a las que, después de haber visto bailar y beber anteriormente, ahora se les ve en la ruina, enfermas, exhaustas, maltratadas, prácticamente rapadas y expuestas a la humillación de ser inspeccionadas  por el personaje de un carcelero que posteriormente protagonizará uno de los momentos más crudos de esta historia en el que abusará de Manon sin ningún escrúpulo; la escena es maravillosa y terrible por lo violento de la acción y el exquisito movimiento con la que es representada.

 
Estas jóvenes desterradas son miradas con lástima por las mujeres del pueblo y con rechazo por los hombres que en otro momento pagarían por sus favores. La escena es dolorosa por lo que representa en sí (misoginia, abuso de poder, impotencia) y porque MacMillan fue un genio cuando creó una coreografía tan expresiva. Presenciar o interpretar escenas de maltrato en el arte es siempre difícil, pero lo desolador es recordar que estas prácticas que se describieron en 1731 y que se han representado en películas, óperas y ballets, siguen existiendo y siempre serán lo que más deberá avergonzarnos como seres humanos; la violencia sobre el otro, el abuso a la mujer, la injusticia, el agravio. Ante todo esto, la menor de las reacciones debería ser sentir el corazón partido por la mitad.

 
La historia de Manon aún no termina de impactarme, lo hace cada día a través de la bella música de Jules Massenet, de su historia, de las muchas repeticiones de los pasos que hacemos en cada ensayo, de su fuerte temática social y sus personajes intensos. Espero entusiasmada el día del estreno, la reacción del público, la energía de todos los bailarines; cada uno viviendo esta apasionante historia a su modo; antes de que ese momento efímero, lo que dura una función, se desvanezca.

 

 

 

 

2 Comment

  1. Clarisa Falcón says: Responder

    Excelente descripción, que honor trabajar con Patricia Ruanne.

    1. admin says: Responder

      Muchas gracias, maestra!

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