Teatro Isauro Martínez. Torreón, Coahuila. MÉXICO

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Los bailarines, al salir de gira a otra ciudad, pocas veces tenemos la oportunidad de conocer los teatros en los que bailamos desde el punto de vista del espectador; nuestra rutina consiste en entrar a ellos por la parte de atrás, directamente a la zona de los camerinos, llegar al foro, ver la sala principal desde ahí, ensayar, bailar y salir por la misma puerta trasera al terminar la función.

En esta ocasión, aproveché mi leve carga de trabajo durante la gira al norte del país para explorar  un poco más uno de los teatros más bellos que he conocido: el Teatro Isauro Martínez, en Torreón, Coahuila. Así conocí a Claudia Maynez, directora de este Teatro desde hace más de diez años, una mujer apasionada que, gustosa, accedió a platicar conmigo y a compartir uno de los tesoros de la ciudad en la que vive mientras me acompañaba a recorrer el teatro y  el centro cultural  que alberga, que tiene entre otras cosas la única galería de arte contemporáneo de Torreón, salones donde se imparten talleres de guitarra y pintura, una pequeña sala donde se proyecta cine independiente y otros espacios donde se organizan debates, presentaciones de libros y muchas actividades culturales más. Claudia, orgullosa de estar al frente del Teatro y dejándome muy claro el enorme esfuerzo físico y emocional que esto implica, me contó la historia y me explicó su funcionamiento, también me platicó detalles que yo no hubiera podido saber fácilmente: por ejemplo, que las butacas de la pequeña sala de cine son las butacas rojas que se quitaron hace unos años de la sala principal del Palacio de Bellas Artes durante su remodelación, que el área de la galería de pintura solía estar ocupada por cantinas o que los cuadros que decoran los pasillos y las oficinas son regalos que cada artista que ha expuesto ahí, ha dejado. Este teatro es una muestra clara del esfuerzo por conservar un alto nivel de vida cultural en Torreón; un teatro que estuvo muy cerca de la demolición, que se vio en el abandono y en la indiferencia pero que afortunadamente fue rescatado y gracias a eso ahora acoge sobre su escenario a grandes bailarines, cantantes de ópera, músicos y actores. Reconocido por los propios artistas, que por ejemplo después de sus conciertos halagan su excelente acústica, el Isauro Martínez se ha vuelto un espacio artístico referente en muchas otras ciudades del país.

Después de las oficinas y el centro cultural, el recorrido con Claudia continuó por el lobby del teatro y la sala principal. Para mí fue nueva y curiosa la sensación de recorrer estos espacios vestida con mi ropa de trabajo (leggins, leotardo, sudadera, zapatillas y botitas para calentar) algo parecido a estar en pijama en un lugar al que normalmente la gente acude con mucho mejor arreglo y distinción. Esta sensación  me hizo reconocer la intimidad que podemos compartir con el teatro quienes, afortunadamente, trabajamos en uno.

El Isauro Martínez es un lugar encantador por donde quiera que se le mire gracias a la mezcla de estilos que tiene: por fuera, su fachada recuerda a una construcción medieval que en su momento escandalizó a los lugareños debido a la insólita altura que asemejaba a una fortaleza; al mismo tiempo, en el vitral del centro se ve la imagen de una bailarina  decorada a los lados por guirnaldas, mientras también aparecen ahí mismo otros elementos de estilo más bien islámico.

El foyer o vestíbulo tiene acceso a una terraza y es un hermoso y amplísimo espacio adornado con un estilo gótico y columnas de madera con hermosos grabados. La sala principal es bellísima; sus pasillos y palcos tienen una gran influencia oriental y también del arte griego. Mucha de esta decoración, los tapices y la pintura que decoran imponentemente el techo, fueron realizados por un gran artista valenciano de apellido Tarazona. Al escenario sin duda vale la pena dedicarle mucho más tiempo para disfrutar el hermoso telón azul con encajes rosas, en  los arcos centrales que lo enmarcan se pueden ver elefantes, dragones y motivos budistas labrados. A los dos costados, enormes pinturas nos invitan a acercarnos para descifrar todas las escenas que coloridamente relatan.

Después de este banquete visual e informativo y muy agradecida con Claudia por su disposición y por el libro sobre el Teatro que, con su dedicatoria me regaló, regresé a mi territorio: el área de los camerinos, donde sucede todo lo que el público no ve, los pasillos llenos de varas de luces y escenografía donde los bailarines todavía no somos brujas, enanos o Blancanieves, sino personas maquillándose, calentando y concentrándose para bailar en cualquier momento.
Definitivamente tiene su encanto saber lo que pasa tras bambalinas, pero para nosotros, quienes trabajamos ahí y nos es tan familiar, es muy emocionante pasar al otro lado: sentarnos en una butaca para darnos cuenta de cómo nos ve el público desde diferentes ángulos, caminar por los pasillos de la entrada a la sala o incluso conocer los baños, las taquillas y las cafeterías.

A nuestros teatros en México les hace falta nuestro propio reconocimiento siendo que están ahí para permitirnos hacer lo que amamos. Son espacios misteriosos y bellos, cada uno tiene una personalidad única. Un teatro hace que sea posible distinguir entre el artista y el espectador, pero al mismo tiempo es un lugar tan mágico que, sin nosotros notarlo, logran confundirnos y mezclar los papeles. Ahí, enmedio del que está arriba del escenario y el que observa desde una butaca sucede la magia del arte: no saber quién es quién, tan solo tener el sentimiento de que armónicamente todos estamos presenciando algo que quizá nos toque el alma o, con suerte, nos cambie la vida. Ellos, bajo sus enormes y hermosos techos nos reúnen, nos permiten dar y recibir el aplauso y al salir, dejarlo atrás y verlo hacerse pequeño mientras nos alejamos por el camino de cualquiera que sea la ciudad a la que le pertenece.

 

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2 Comment

  1. Patricia Otamendi says: Responder

    Isa me encanta leer tu diario, revives en mi muchos recuerdos y sentimientos…eres muy buena, felicidades preciosa!!

  2. D RdG says: Responder

    Pensar la danza desde el espacio arquitectónico es un gran acierto. Felicidades Isabel.

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