La sílfide y el escocés

Marie y Paul Taglioni en  'La Sylphide', 1832 (oil on canvas) by Lepaulle, Francois Gabriel Guillaume 
Musee des Arts Décoratifs.

La sílfide y el escocés (o La Sylphide) fue el primer ballet en el que una bailarina, Marie Taglioni, apareció ante su público parada sobre unas zapatillas de punta. Su padre, Filippo Taglioni, creó esta obra en la que Marie encarnó mejor que nunca a una sílfide: pareció volar. En 1832 este máximo avance de la tecnología concretó la distinción entre bailarines hombres y mujeres y Marie Taglioni pasó a la historia como la primera mujer que revoloteó ante los ojos de una audiencia con su tutú largo, sus alitas y su traviesa actitud.

 

Se dice que el argumento de esta historia tiene antecedentes aún más antiguos ya que está inspirado en el cuento Trilby, ou le lutin d’Argail (1822) de Charles Nodier, un escritor y bibliotecario francés. Trilby o el duende de Argail narra la historia de un duende enamorado de una mujer de la vida real y aunque la trama toma un rumbo bastante más oscuro, encontramos la similitud con el ballet al tratarse de relatos de amor entre seres de diferentes mundos.

 

La sílfide y el escocés trata un conflicto que también aqueja a las relaciones amorosas de hoy en día: miembro de la pareja comprometida es seducido por un tercero y huye con él, dejando al otro desconsolado. La gran tragedia de James Reuben (el joven escocés protagonista) será que tanto él como la sílfide acabarán muertos cuando baje el telón al final de la obra, ambos a manos de una malvada hechicera que rechazada anteriormente por James y en venganza por su desamor, será aquí la gran vencedora.

 

Interpretar el cuerpo de baile es una experiencia muy valiosa si se toman en cuenta los datos históricos antes mencionados. El estilo también es muy importante; actualmente una gran referencia en los montajes es la de August Bournonville, coreógrafo que remontó la obra para el Real Ballet de Dinamarca unos años después y para respetar este estilo los bailarines tenemos que recordar, entre otras cosas,  las particulares inclinaciones del torso, la altura de los port de bras, el temperamento de las danzas escocesas de la época en el primer acto y  la intención etérea y traviesa del segundo, elementos que tienen que quedar muy claros para quien nos vea. Además de ser una interpretación placentera, estar en el cuerpo de baile me ha permitido tener más tiempo para conocer el ballet y muchos de sus secretos tras bambalinas. Me parece fascinante el hecho de encontrar un nuevo detalle cada función; es una historia llena de símbolos, de gestos expresivos como los juramentos de amor que hace James a Effie (su prometida) o  las acusaciones severas de Gurn (enamorado de Effie) hacia James; de momentos clave como las predicciones de la bruja Madge al leer las líneas de la mano, de ternura cuando las sílfides juegan entre los árboles y de desdicha cuando se alejan cargando a su hermana que ha perdido las alas.
Sin duda, el momento que más disfruto es la famosa escena del primer acto donde la sílfide se posa en la ventana igual que un hermoso y exótico insecto, interrumpe así los pensamientos del atormentado James y pretende con su personalidad inocente pero también chantajista y melodramática, convencerlo de que la siga al bosque donde bailarán felices. El instante en el que él camina hacia atrás atraído por la fuerza sobrenatural que lo seduce y al mismo tiempo se resiste debido a la presión de su compromiso con Effie, acompañado de un vibrante  momento musical me llena de emoción cada vez que lo veo a través de las  piernas del escenario.

 

Es un ballet al que vale la pena conocerle los detalles para disfrutarlo ampliamente; en él todos los bailarines podemos encontrar herramientas artísticas aplicables a cualquier otro ballet y al público sin duda le dará la oportunidad de estar frente a una joya del repertorio que por alguna etérea razón afortunadamente sigue estando vigente en los mejores teatros del mundo.

 

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