Mi Julieta

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Vivir el camino de preparar un personaje nuevo es uno de los procesos más bonitos y enriquecedores que he podido experimentar como bailarina. En esta ocasión, Julieta, la de Romeo, apareció para vivirla durante el pas de deux que representa el encuentro nocturno de los dos amantes y configura el espacio en el que consuman la dicha de estar juntos mientras comparten juramentos de amor eterno: el pas de deux de la escena en el balcón.Éste es al mismo tiempo un momento desbordado de pasión, nerviosismo y paz; todo se olvida, no hay lugar para nombres de familia ni rivalidades sociales, sólo romance y entrega inocentes, nada de lo que se avecina se percibe.

El final del ballet completo es como en la obra, desgarrador y bello. La escena previa en el balcón después de que Romeo y Julieta se ven por vez primera nos hace comprender perfectamente por qué el desenlace será tan trágico: “El gozo violento tiene un fin violento y muere en su éxtasis como fuego y pólvora que, al unirse, estallan”II.v. Grandes bailarines, por ejemplo Alessandra Ferri y Angel Corella (dos de mis favoritos), transportan en sus cuerpos los versos de Shakespeare avasalladoramente y en armonía con la intensidad de la música de Prokofiev.

Crear la coreografía y bailar un ballet al servicio de estos dos grandes (dramaturgo y compositor) es un privilegio y una tarea difícil para quien se vea frente a ella; se debe estar comprometido con ellos, pues son quienes nos dicen qué hacer a bailarines y coreógrafos. Como siempre, hay que empezar por aprender los pasos, después practicar la mecánica de las secuencias, saber qué tengo que hacer yo y qué tiene que hacer él, quien debe interpretar a Romeo viviendo también una experiencia propia que deberá unirse a la mía para más adelante poder lograr una conexión real. Después buscar,buscar y buscar emociones y cómo transmitirlas.
Para mí el encuentro con este pas de deux también fue amor a primera vista y a primera oída. Me gustó desde la primera vez que lo vi: de lejos. A medida que me acercaba a la coreografía se desencadenaban en mí sensaciones que no había tenido bailando. Es progresiva, va tomando fuerza para luego desvanecerse como si hubiera sido un sueño. Así como Romeo a Julieta, esta pieza me hizo sentir libre, fuera de las filas, a pesar de ser sólo un fragmento de la historia. Un momento efímero que tuvo la incertidumbre de no saber si volverá a repetirse, frente a cuánta gente o en qué foro pero finalmente la experiencia de sentir plenitud mientras se interpreta algo me ha dejado la sensación de haber vivido una experiencia más bien espiritual. Por ese recuerdo le estaré eternamente agradecida.

 

 

 

 

1 Comment

  1. Rolando Ísita says: Responder

    Encuentro cierto paralelismo con la música… “Cada canción es primera…” cuando se interpreta otra vez. No es sólo la ejecución, el ejercicio físico nemotécnico, es la emoción, lo que la rola te hace sentir (y no me refiero a la letra, que podría ser hasta insulsa) y el condicionamiento del público (pánico escénico)… Es muy gratificante leerte que algo similar sucede con l@s intérpretes de la danza, ¡que incluye la música!
    Un saludo
    Rolando

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