La Habana

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Conocí a Consuelo Domínguez en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso. Argenis y yo paseábamos por el enorme y elegante vestíbulo en espera de la función de Giselle de las 7 pm, sintiéndonos privilegiados de estar ahí el primer fin de semana de su reapertura después de un tiempo largo de remodelación. Aún no había mucho que ver dentro, entonces pedimos una copa de vino blanco y compramos algunas postales de bailarines cubanos legendarios. Al poco rato apareció Consuelo, alegre, vivaz y saludadora. Habíamos acordado por teléfono reunirnos ahí antes de la función; esta ex-bailarina del Ballet Nacional de Cuba (BNC) y una de las mejores maestras ensayadoras que tiene actualmente la compañía, nos dio la bienvenida a La Habana, sugirió una reunión al día siguiente en la sede del ballet, invitándonos a ver clases y ensayos y amablemente cambió nuestros boletos de “paraíso” (los únicos que habíamos podido conseguir como turistas) por un par de cortesías muy bien ubicadas para poder ver a Giselle con mejores ojos.

Después de una función muy especial donde vimos en el papel principal a Viensay Valdés, gran estrella del ballet cubano y disfrutamos mucho el gran fervor del público caribeño, nos reunimos a la mañana siguiente con Consuelo en las instalaciones del BNC. Después de ver un par de clases y un ensayo llevado por ella, me platicó un poco de su vida en la danza.

Aquí la entrevista.

I
¿Cúal ha sido tu trayectoria como bailarina y maestra ensayadora?

C
Me gradué en el año 79 e hice mi servicio social en el Ballet de Camagüey durante dos años, bajo la dirección de Fernando Alonso. En 1981 regresé a La Habana e ingresé en la compañía del Ballet Nacional de Cuba. Bailé 25 años y alcancé la categoría de corifeo, aunque por mucho tiempo desempeñé muchos papeles de solista como “Festival de las flores de Genzano”, Dos cisnes en “El lago de los cisnes”, Dos willis en “Giselle”, algunas variaciones de Paquita, las amigas de Giselle y de Coppelia, Rara Avis, entre muchas otras cosas.
Después de muchos años bailando, empecé combinar mi carrera con la impartición de clases y ensayos en la misma compañía; esto fue algo que surgió como una gran oportunidad que aproveché gracias a mi pasión por enseñar: siempre que llegaban nuevas bailarinas al grupo me gustaba entrenarlas en el cuerpo de baile; tenía mucho que transmitirles después de más de veinte años bailando. Tres años después de llevar paralelamente estas dos profesiones, sufrí una fuerte fascitis plantar que acabó por hacerme tomar la decisión de dejar de bailar en 2005 y dedicarme completamente a la enseñanza.
A pesar de haber concluido mi carrera de esta forma me siento muy satisfecha; disfruto que las cosas que ensayo salgan bien en el escenario.
Adoro trabajar con el cuerpo de baile, es mi especialidad y creo que tengo un ojo preciso para ello. Al graduarme del ISA (Instituto Superior de Arte ) presenté mi tesis con el título: El cuerpo de baile en una compañía nacional. Creo que no existe compañía sin su cuerpo de baile, puedes tener magníficas figuras en el estrato superior, pero si no tienes el marco adecuado no tienes nada.

I¿Qué es lo más difícil de ensayar en un cuerpo de baile?

C
Bueno, pues imagínate: emparejar a tantas personas disímiles, con tantas características diferentes, que aprendan a respirar, a mirarse, a sentirse. No es “virar” la cabeza, es sentir a la compañera que tienes al lado, respirar igual que ella, darle el tiempo a cada movimiento. Dentro del cuerpo de baile, ser “cabeza de fila” es una carrera aparte; es muy importante saber dirigir a las compañeras de atrás. A mí, por mi estatura siempre me tocó estar ahí delante.

I
¿Es como una categoría más dentro de la lista? ¿Cuerpo de baile, cabeza de fila, corifeo, etcétera?

C
[Risas] Sí, y es muy difícil, tiene su mérito propio porque hay que tener iniciativa y autoridad responsables, todo lo que suceda detrás de la primera muchas veces será su responsabilidad absoluta.
Entonces, tratar de homogeneizarlas es lo más difícil, pero no hablo de algo mecánico, me gusta que conserven su propia personalidad y creo que, particularmente, eso es algo que ha distinguido siempre al Ballet Nacional de Cuba durante años: el cuerpo de baile.

I
¿Cuáles son tus ballets preferidos? Como bailarina y ensayadora.

C
Bueno, realmente me gustan mucho Giselle y El Lago de los cisnes. Cuando bailaba el Segundo Acto de este último siempre estaba aterrada porque es muy duro para el cuerpo de baile; yo tenía que estar en las filas de adelante. Y lo mismo cuando pasé a hacer los Cuatro cisnes. A veces, incluso, cuando el elenco se reducía por falta de espacio había que hacer las dos cosas; era durísimo.
Y para ensayar, creo que este mismo ballet es dificilísimo por la demanda técnica y de estilo que implica. Además, también disfruto mucho ensayar cuerpo de baile de hombres. Con ellos soy más “recta”. En el salón pido respeto, porque me gusta que las cosas salgan bien, por el trabajo de ellos y por el mío, ya en el patio soy muy Consuelo.

I
¿Qué más distingue al BNC del resto, además del cuerpo de baile?

C
Nosotros tenemos la suerte de que en Cuba todos venimos de la misma escuela, no es como en otras compañías donde la gente tiene una procedencia diferente, eso es más difícil de unificar. Aquí todos nos regimos por los mismos cánones y eso hace más fácil el trabajo. También la distinción está en que tenemos muy buenos maestros; los hemos heredado, hemos continuado su trabajo y éste se ha mantenido a lo largo ya de muchos años.

I
¿Qué opinión tienes del ballet en la actualidad, en el resto del mundo?

C
Bueno, hay que ir avanzando con los tiempos; ya la técnica no es la misma, ahora se hacen cosas increíbles y también se hacen otras muy fáciles, que ya están inventadas. Lo que creo que no tiene que cambiar es la esencia de los ballets, hay que seguir respetando los estilos. Eso aquí, por ejemplo, es muy importante, porque si no, sencillamente lo que haces es cambiarte de traje. Eso nos distingue en este país. Creo que Alicia Alonso ha trasmitido esta tradición, respetamos mucho el romanticismo, el clasicismo o los géneros contemporáneos y la gente se pregunta: “¡Cómo! ¿Son los mismos [bailarines]?” Y sí, lo son. El que se educa en una buena escuela clásica tiene la posibilidad y las facultades de interpretar después papeles neoclásicos o contemporáneos. Son bailarines más completos. Todo esto da para que la gente se sorprenda mucho con lo que nuestros bailarines hacen ahora.

Quince minutos de plática después se fue Consuelo, igual de alegre y llena de energía, a seguir con sus ensayos del día. Con su abrazo cariñoso y nuestro agradecimiento nos despedimos, siguiendo hacia afuera el camino hacia una lluviosa y magnética Habana, llena también de coches antiguos, música, amigos y daiquirís.

*Agradecimiento especial a Aurora Vázquez por el contacto con Consuelo.

 

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